El GR 225 consigue que camines hacia el pasado. Pero esa paradoja contiene también muchos presentes. Uno de ellos tiene que ver con la comunidad de voluntarixs que, con su trabajo, consiguió que los 53 kilómetros que separan el fuerte de Urepel se convirtieran en mucho más que un sendero. Esa comunidad ha empezado el año 2026 con una noticia tristísima que queremos, de la forma más respetuosa, compartir.
Nos ha dejado Esther, voluntaria desde los inicios del GR 225 (allá por el 2017) y parte del equipo de amigxs que se encarga de mantener la última de las etapas del sendero: desde Sorogain hasta Urepel. Se va tan absurdamente pronto que parece imposible imaginar la próxima primavera sin ella recorriendo esos kilómetros finales con sus compañerxs (Jeru, María, Willy y Félix), a los que abrazamos de la forma más cálida.

En los alrededores del 22 de mayo de este año, cuando marchemos hacia Urepel en la jornada de homenaje a los fugados, ningunx de nosotrxs podrá hacerlo sin acordarse de cuánto le gustaba caminar y de cómo, cualquiera que quisiera aprender a sonreír, lo único que tenía que hacer es fijarse en cómo lo hacía ella. Nos faltará su presencia, pero no su ánimo.
Todo nuestro cariño para Martín, Sara y Jartxi. Agur, Esther.
